lunes, 17 de noviembre de 2014
Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena....
OCTAVIO PAZ
RETRATO DE GALA
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Los gatos de Ulthar. -H.P. Lovecraft
Se dice que en Ulthar, que se encuentra más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato; y ciertamente lo puedo creer mientras contemplo a aquel que descansa ronroneando frente al fuego. Porque el gato es críptico, y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver. Es el alma del antiguo Egipto, y el portador de historias de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva, y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su prima, y él habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda aquello que ella ha olvidado.
En Ulthar, antes de que los ciudadanos prohibieran la matanza de los gatos, vivía un viejo campesino y su esposa, quienes se deleitaban en atrapar y asesinar a los gatos de los vecinos. Por qué lo hacían, no lo sé; excepto que muchos odian la voz del gato en la noche, y les parece mal que los gatos corran furtivamente por patios y jardines al atardecer. Pero cualquiera fuera la razón, este viejo y su mujer se deleitaban atrapando y matando a cada gato que se acercara a su cabaña; y, a partir de los ruidos que se escuchaban después de anochecer, varios lugareños imaginaban que la manera de asesinarlos era extremadamente peculiar. Pero los aldeanos no discutían estas cosas con el viejo y su mujer; debido a la expresión habitual de sus marchitos rostros, y porque su cabaña era tan pequeña y estaba tan oscuramente escondida bajo unos desparramados robles en un descuidado patio trasero. La verdad era, que por más que los dueños de los gatos odiaran a estas extrañas personas, les temían más; y, en vez de confrontarlos como asesinos brutales, solamente tenían cuidado de que ninguna mascota o ratonero apreciado, fuera a desviarse hacia la remota cabaña, bajo los oscuros árboles. Cuando por algún inevitable descuido algún gato era perdido de vista, y se escuchaban ruidos después del anochecer, el perdedor se lamentaría impotente; o se consolaría agradeciendo al Destino que no era uno de sus hijos el que de esa manera había desaparecido. Pues la gente de Ulthar era simple, y no sabía de dónde vinieron todos los gatos.
Un día, una caravana de extraños peregrinos procedentes del Sur entró a las estrechas y empedradas calles de Ulthar. Oscuros eran aquellos peregrinos, y diferentes a los otros vagabundos que pasaban por la ciudad dos veces al año. En el mercado vieron la fortuna a cambio de plata, y compraron alegres cuentas a los mercaderes. Cuál era la tierra de estos peregrinos, nadie podía decirlo; pero se les vio entregados a extrañas oraciones, y que habían pintado en los costados de sus carros extrañas figuras, de cuerpos humanos con cabezas de gatos, águilas, carneros y leones. Y el líder de la caravana llevaba un tocado con dos cuernos, y un curioso disco entre los cuernos.
En esta singular caravana había un niño pequeño sin padre ni madre, sino con sólo un gatito negro a quien cuidar. La plaga no había sido generosa con él, mas le había dejado esta pequeña y peluda cosa para mitigar su dolor; y cuando uno es muy joven, uno puede encontrar un gran alivio en las vivaces travesuras de un gatito negro. De esta forma, el niño, al que la gente oscura llamaba Menes, sonreía más frecuentemente de lo que lloraba mientras se sentaba jugando con su gracioso gatito en los escalones de un carro pintado de manera extraña.
Durante la tercera mañana de estadía de los peregrinos en Ulthar, Menes no pudo encontrar a su gatito; y mientras sollozaba en voz alta en el mercado, ciertos aldeanos le contaron del viejo y su mujer, y de los ruidos escuchados por la noche. Y al escuchar esto, sus sollozos dieron paso a la reflexión, y finalmente a la oración. Estiró sus brazos hacia el sol y rezó en un idioma que ningún aldeano pudo entender; aunque no se esforzaron mucho en hacerlo, pues su atención fue absorbida por el cielo y por las formas extrañas que las nubes estaban asumiendo. Esto era muy peculiar, pues mientras el pequeño niño pronunciaba su petición, parecían formarse arriba las figuras sombrías y nebulosas de cosas exóticas; de criaturas híbridas coronadas con discos de costados astados. La naturaleza está llena de ilusiones como esa para impresionar al imaginativo.
Aquella noche los errantes dejaron Ulthar, y no fueron vistos nunca más. Y los dueños de casa se preocuparon al darse cuenta de que en toda la villa no había ningún gato. De cada hogar el gato familiar había desaparecido; los gatos pequeños y los grandes, negros, grises, rayados, amarillos y blancos. Kranon el Anciano, el burgomaestre, juró que la gente siniestra se había llevado a los gatos como venganza por la muerte del gatito de Menes, y maldijo a la caravana y al pequeño niño. Pero Nith, el enjuto notario, declaró que el viejo campesino y su esposa eran probablemente los más sospechosos; pues su odio por los gatos era notorio y, con creces, descarado. Pese a esto, nadie osó quejarse ante la dupla siniestra, a pesar de que Atal, el hijo del posadero, juró que había visto a todos los gatos de Ulthar al atardecer en aquel patio maldito bajo los árboles. Caminaban en círculos lenta y solemnemente alrededor de la cabaña, dos en una línea, como realizando algún rito de las bestias, del que nada se ha oído. Los aldeanos no supieron cuánto creer de un niño tan pequeño; y aunque temían que el malvado par había hechizado a los gatos hacia su muerte, preferían no confrontar al viejo campesino hasta encontrárselo afuera de su oscuro y repelente patio.
De este modo Ulthar se durmió en un infructuoso enfado; y cuando la gente despertó al amanecer ¡he aquí que cada gato estaba de vuelta en su acostumbrado fogón! Grandes y pequeños, negros, grises, rayados, amarillos y blancos, ninguno faltaba. Aparecieron muy brillantes y gordos, y sonoros con ronroneante satisfacción. Los ciudadanos comentaban unos con otros sobre el suceso, y se maravillaban no poco. Kranon el Anciano nuevamente insistió en que era la gente siniestra quien se los había llevado, puesto que los gatos no volvían con vida de la cabaña del viejo y su mujer. Pero todos estuvieron de acuerdo en una cosa: que la negativa de todos los gatos a comer sus porciones de carne o a beber de sus platillos de leche era extremadamente curiosa. Y durante dos días enteros los gatos de Ulthar, brillantes y lánguidos, no tocaron su comida, sino que solamente dormitaron ante el fuego o bajo el sol.
Pasó una semana entera antes de que los aldeanos notaran que, en la cabaña bajo los árboles, no se prendían luces al atardecer. Luego, el enjuto Nith recalcó que nadie había visto al viejo y a su mujer desde la noche en que los gatos estuvieron fuera. La semana siguiente, el burgomaestre decidió vencer sus miedos y llamar a la silenciosa morada, como un asunto del deber, aunque fue cuidadoso de llevar consigo, como testigos, a Shang, el herrero, y a Thul, el cortador de piedras. Y cuando hubieron echado abajo la frágil puerta sólo encontraron lo siguiente: dos esqueletos humanos limpiamente descarnados sobre el suelo de tierra, y una variedad de singulares insectos arrastrándose por las esquinas sombrías.
Posteriormente hubo mucho que comentar entre los ciudadanos de Ulthar. Zath, el forense, discutió largamente con Nith, el enjuto notario; y Kranon y Shang y Thul fueron abrumados con preguntas. Incluso el pequeño Atal, el hijo del posadero, fue detenidamente interrogado y, como recompensa, le dieron una fruta confitada. Hablaron del viejo campesino y su esposa, de la caravana de siniestros peregrinos, del pequeño Menes y de su gatito negro, de la oración de Menes y del cielo durante aquella plegaria, de los actos de los gatos la noche en que se fue la caravana, o de lo que luego se encontró en la cabaña bajo los árboles, en aquel repugnante patio.
Y, finalmente, los ciudadanos aprobaron aquella extraordinaria ley, la que es referida por los mercaderes en Hatheg y discutida por los viajeros en Nir, a saber, que en Ulthar ningún hombre puede matar a un gato.
martes, 11 de noviembre de 2014
El escritor (Creepypasta)
8 de mayo: Ni siquiera sé por qué estoy escribiendo esto. Siempre odié los diarios íntimos, me parecen de púber en celo. Quizá tenga miedo y por eso escribo esto para estar seguro, para poder rever lo que está pasando, o para, sencillamente, escaparme. Ryleh. Acá puedo escribir sin que me influy… ya estoy hablando pelotudeces. Bueno, sencillamente escribiré lo que pase, por las dudas. Necesito salir a comprar, se me está acabando la comida.
9 de mayo: Seguí escribiendo mi novela, y ahora ocurre más frecuentemente. Desde hace unos días, cada vez que escribo en la computadora le erro a ciertas palabras, como si tuviese dislexia. Bueno, no exactamente eso, son palabras crípticas, como “moscas”, “trono” o “simbiosis”. Lo extraño es que están totalmente descontextualizadas, como si mi mente divagase y escribiese esas palabras sin darse cuenta; me percaté de esto cuando corregí mi primera hoja. Necesito concentrarme más. Tengo que ir sangre a comprar.
11 de mayo: Hoy me desperté, miré el calendario y descubrí que, o bien dormí todo un día –algo totalmente imposible – o alguien jugueteó con la fecha. Me acosté en la noche del nueve de mayo, y al despertarme era once. No es solamente el calendario; en todos los lugares en los que me fijé (incluyendo internet) es once de mayo. Debo salir de casa, despejarme, sacrificar. Me quedan un par de paquetes de fideos solamente, debería ir al almacén.
Estoy preocupado, no sé cómo pude dormir más de 24 horas, si es que eso sucedió.
12 de mayo: Estoy pensando en dejar de escribir muerte. Ahora esa clase de palabras que mencioné antes son más comunes, aún en oraciones que no tienen absolutamente nada que ver con el concepto que expresan. La más repetitiva en este día fue “etéreo”. Pareciera como si esas palabras no viniesen de mí. La calidad de mi libro se ve afectada, cada tanto hay una palabra que desentona y tengo que corregir el texto a cada rato, se torna frustrante. Debo ir a tomar aire y al almacén.
13 de mayo: Escucho un pitido oscuro que proviene del fondo de mi casa. Ahí guardo los trajes que jamás uso… debería ir a revisar, pero me siento muy cansado. Hoy no escribí nada, pero me sorprendí escribiendo las mismas palabras intrusas en la mesa mientras almorzaba. Descubrí que necesito tener un lápiz o lapicera de silencio en la mano todo el tiempo. Tendría que ir al almacén.
14 de mayo: Mi internet y mi teléfono no funcionan. Cuando entro a mi explorador, la página de inicio es un foro que termina en “.ua”. Creo que es el dominio de internet perteneciente a Ucrania, donde el caos y el silencio son uno, pero no estoy seguro. Como decía, este parece ser un foro literario, en el que se suben cuentos. Miré un par, y descubrí que todos son bastante incoherentes: mantienen un hilo de narración, pero con palabras que no tienen que ver con las oraciones.
Justo como me está pasando a mí.
Es bastante raro que sea a la única página que puedo entrar. Ni Google, ni Facebook, ni Hotmail, ni cualquier otra, solo esa. El teléfono no hace ningún ruido.
Estoy bastante asustado, debería salir. Casi no tengo comida.
El pitido aumentó en intensidad. Me acerqué, y creo que proviene de un ropero viejo en el que guardo mis trajes que nunca uso. No voy a abrir esa puerta por nada, me da escalofríos demonios.
17 de mayo: Subí un cuento a la página. Estuve tres días consecutivos escribiéndolo, casi febrilmente. No paré a comer, no paré a ir al baño, solo dormí durante exactamente ocho horas diarias. Cuando lo releí, me sorprendí de ver nuevamente las palabras incoherentes, pero las dejé; ahora que lo pienso, se ven estéticamente bien. Decidí dejarlas. Quedaron bien. Las dejé.
Debería ir a comprar comida. O no, creo que estaré bien, necesito seguir escribiendo.
19 de mayo: Estoy escribiendo esto en un momento de cordura, quizá sea mi última entrada. Lo que está en el ropero, sea lo que sea, se está apoderando de mí, y no soy el único. Escritores y lectores de todo el mundo están en esa página, escribiendo lo mismo que yo. Tengo la hipótesis de que es un experimento radial –el pitido es cada vez más fuerte – pero puede ser cualquier cosa, CUALQUIER COSA. Ayer escuché ruidos raros, como si algo saliese del ropero fuego: también escuché pasos. Ya casi no influyo en lo que escribo, las palabras y el cadáver surgen como si me las dictasen. El pájaro sin ojos no muere si la muerte fallece antes.
Cuando escribo acá no me influyen. Por eso escribo esto, para que alguien lo lea si me pasase algo. No voy a seguir así. Tomaré muerte coraje e iré al ropero. Quema y descubriré lo que pasa.
No debo salir. Tengo que salir, pero no quiero. Debo salir.
21 de mayo: En la tiniebla se mueve, danzado como un enloquecido, llegué al ropero pero no me atreví a abrirlo. Tiempo, lujuria, hermandad de sangre. Debo salir, pero no quiero. Hace tres días que no como, y la sangre me llama desde el suelo. Ya subí tres cuentos a la página, y necesito hacerlo. Las moscas son su ejército, la podredumbre su casa.
Ayuda. Debo salir.
23 de mayo: “…Y de entre las sombras de la historia volverá, montado en su ira y su venganza. Castigará a los mortales, despertará al que duerme en Ryleh. Ni los eones hacen mella en él, porque no vive, no puede morir. En tumbas de granito descansó, solo para inflamar su enojo y su sed, su sed eterna que consume a todo aquel que se atreva. El báculo en su mano es la perdición, la espada en su cinto es la muerte. Multiformes vidas llevó, solo para engañar a la patética raza de la tierra, vanidosa y henchida de orgullo. Despertará, y la raza de la tierra llorará sangre. Trae perdición, el señor de las sombras…”
lunes, 10 de noviembre de 2014
Uso del punto y coma.
El punto y coma (;) indica una pausa superior a la marcada por la coma e inferior a la señalada por el punto.
Se utiliza en estos casos:
1. Para separar elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas. Ejemplo:
La chaqueta es azul; los pantalones, blancos; la camisa, gris; y el abrigo, negro.
2. Para separar proposiciones yuxtapuestas, especialmente cuando en estas se ha empleado la coma. Ejemplos:
Era necesario que el hospital permaneciese abierto toda la noche; hubo que establecer turnos.
La muchacha, rápidamente, corría hacia su casa; sus padres acababan de llegar.
3. Se suele colocar punto y coma, en vez de coma, delante de conjunciones o locuciones conjuntivas como: pero, mas, aunque, por tanto, sin embargo, por consiguiente, en fin, etc., cuando los periodos tienen cierta longitud y encabezan la proposición a la que afectan. Ejemplos:
Su discurso estuvo muy bien construido y fundamentado sobre sólidos principios; pero no consiguió convencer a muchos de los participantes en el Congreso.
Los jugadores se entrenaron intensamente durante todo el mes; sin embargo, no fueron los resultados que el entrenador esperaba.
— Aldahir Miranda Luna
lunes, 3 de noviembre de 2014
¿carie o caries?
La forma «carie» no existe. La forma correcta es «caries» y significa 'destrucción de tejidos duros'. Esa 's' al final no es marca de plural. El médico te puede encontrar una caries o varias caries.
— Aldahir Miranda Luna
— Aldahir Miranda Luna
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